martes, 4 de enero de 2011

Educación para la Sexualidad

En las últimas décadas han cambiado aceleradamente las ideas acerca de la sexualidad, la relación con nuestro cuerpo y el de los otros. Lo cierto es que la sexualidad se encuentra presente en el individuo a lo largo de toda la vida. Entendiendo la sexualidad como algo propio del individuo y que a diferencia de las especies animales, el ser humano puede manipularla y someterla a un proceso educativo, se habla de la existencia de una educación para la sexualidad. Así, la educación para la sexualidad se entiende como “el proceso a través del cual los seres humanos pueden aprender y desarrollar los conocimientos, actitudes y valores de autorrespeto hacia los demás, con una conciencia clara de las finalidades de la sexualidad” (Calixto, 2005b,15). Dicha educación se convierte en un medio para la formación integral de la persona, es decir la formación de un individuo equilibrado en los aspectos cognitivo, ético, afectivo, de salud y social. Además es un derecho que se debe garantizar a cada persona en particular, a las familias, a la sociedad con el objetivo de estar informados y prevenir futuras problemáticas.



En México la sexualidad es un tema que aún provoca confusión, polémica, lo cual resulta grave pues origina temor y prejuicio en la sociedad, prueba de ello es lo que expresa el director del Instituto Mexicano de Sexología (Imesex): en nuestro país anualmente se atienden más de “350 mil partos de adolescentes y son madres antes de los 19 años de edad más de 600 mil chicas eso sin mencionar el número de intentos de aborto en el mismo rango de edad” (www.saludymedicinas.com.mx, marzo 2 de 2010 ). Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010) en México hay 112 millones 336 mil 538 habitantes. De ellos 4 millones 488 mil 364 habitantes tienen entre 10 y 12 años, lo cual denota que una buena parte de la población en el país son preadolescentes. Ahora bien, registros del Consejo Nacional de Población (CONAPO, 2009) señalan que 97% de las chicas que tienen entre 15 y 19 años conoce al menos un método anticonceptivo, otro estudio del CONAPO indica que el 38.5% utilizó un método anticonceptivo en su primera relación sexual, de tal forma que un 61.5% no utilizó algún método anticonceptivo durante su primera relación sexual. Según los datos, si bien es cierto que la mayoría de las personas conoce por lo menos un método de anticoncepción, resulta poco entendible el hecho de que el porcentaje de personas que no utilizaron anticonceptivo durante su primera relación sexual sea elevado, lo cual pudiera revelar que la educación sexual que se ha recibido ha sido insuficiente o bien no ha habido una educación sexual. Por ello es oportuno iniciar una educación sexual para el preadolescente con el fin de lograr “hablar abiertamente sobre sexualidad lo que contribuye a disminuir la vergüenza. Se facilita entonces un proceso de comunicación más abierto, en el cual la relación entre padres e hijos, o entre alumnos y docentes, se beneficia” (Carrera 1981, citado en Hiriart 1999, 33).


A pesar de que en la sociedad se reconoce la importancia de impartir educación para la sexualidad, varias dificultades deben superarse para poder ser transmitida de manera plena y adecuada. De los obstáculos que puede haber para impartir educación para la sexualidad están: creer que al dar información a los muchachos éstos acelerarán sus experiencias y ampliarán su curiosidad; se tiene la idea de que al brindar información a los chicos se volverán sexualmente activos y, aunque no es el caso, esta creencia se debe en parte a que la sociedad y los padres, en específico en algunos casos, no saben cómo manejar el tema y esto pudiera ser porque probablemente ellos no recibieron algún tipo de educación con respecto a la sexualidad y lo siguen viendo como un tabú.


En el siglo XXI el principal enemigo de la educación para la sexualidad, como se ha mencionado, siguen siendo los prejuicios y temores de los adultos ante este tema al pensar que si brindan información a los jóvenes los invitan a tener experiencias sexuales cuando, por el contrario, la educación para la sexualidad se plantea un objetivo distinto que “consiste en construir bases firmes para que hombres y mujeres estén a gusto consigo mismos, y puedan funcionar eficazmente a lo largo de su vida de una manera equitativa, complementaria, sana, placentera, amorosa, tolerante y respetuosa” (Monroy, 2003,7). La sociedad en general, incluidos las y los chicas de 10 a 12 años, están en constante bombardeo de información sexual; esto se convierte en un modo de educación para la sexualidad la cual puede darse en dos formas básicas: formal e informal.



La educación informal “es el medio principal de aprendizaje sobre la sexualidad. La mayor parte de la información que reciben los jóvenes acerca de los cambios corporales que están viviendo, así como de la respuesta sexual y de las relaciones interpersonales y sexuales, proviene de sus compañeros o de su grupo de amigos” (Wilkinson y Kitzingen 1996, citado en Hiriart, 1999, 42).



Sin embargo, los mensajes que los jóvenes reciben suelen estar acompañados de datos falsos que son tomados como verdades que a su vez sirven de base para el comportamiento que ellos asumen en su vida ante el tema. Como ya se dijo, los preadolescentes y la sociedad en general todo el tiempo están recibiendo información sobre sexualidad desde simples comentarios hechos en casa, pláticas con los amigos, a través de algún programa de televisión, internet, etc, de tal manera que la idea o el aprendizaje que el preadolescente tiene sobre sexualidad, y todo lo referido a ella, en buena parte es influido por el medio social en el que se desarrolla. Un tipo de educación informal sobre sexualidad que el preadolescente adquiere es la que imparten los padres de familia, educación que en ocasiones puede ser limitada pues los padres hablan poco del tema. Informarse para platicar con los hijos es una responsabilidad de los padres. Hacerlo puede permitir ampliar los canales de comunicación que existan entre padres e hijos y lograr que, en caso de algún problema o dificultad que los chicos experimenten al respecto, pueda ser conocido por los padres y ayudar a sus hijos a salir adelante.


También está la educación sexual de tipo formal consiste en transmitir información que deberá ser objetiva, libre de mitos y tabúes que permita a los jóvenes crearse una idea personal acerca del ejercicio d ela sexualdad, a partir de sus propios valores e intereses, lo cual les dará la oportunidad de tomar decisiones congruentes con ellos mismos.


En nuestro país la educación sexual es impartida en la escuela primaria y un material al que recurren con frecuencia los chicos y que pueden conocer los padres también son los libros de texto gratuitos con las asignaturas de Ciencias Naturales y Formación Cívica y Ética. En estas asignaturas se estudian diversos aspectos sobre la sexualidad humana.


La educación sexual formal puede llegar a ser significativa y de gran impacto pues es en la escuela el sitio en donde los chicos pasan buena parte de su tiempo y, ya sea dentro o fuera del aula se puede obtener información acerca de la sexualidad, esto de acuerdo con los valores, la toma de conciencia y la responsabilidad de las propias acciones.


Sin importar la forma en que se reciba educación sexual, ya sea de tipo formal o informal, tendrá un peso importante en el aprendizaje de la sexualidad de los preadolescentes de 10 a 12 años.


Si bien es cierto que en la actualidad sigue existiendo cierto rechazo o incluso miedo hacia este tema, no se trata de oponerse rotundamente a educar la sexualidad y peor aún estando conscientes de que al hacerlo solo se están sembrando futuras problemáticas. Tampoco ayuda minimizar nuestra actitud ante la sexualidad desconociéndola, eludiendo responsabilidades o bien de negarnos a reconocer que la sexualidad forma parte esencial de nuestra naturaleza.


Sí, la sexualidad está inmersa en casi todos los aspectos de nuestras vidas, educarla podría ser punto clave para desarrollar ciertos aspectos como la libertad de expresión o incluso la lucha contra la violencia, al construir relaciones de igualdad entre los géneros, bajo un marco de valores donde se planteen la igualdad, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia. De esta forma, más allá de esconderla, evitarla o platicar de ella limitadamente se debe educar y sobre todo tener claro que la sexualidad ejercida de manera responsable en las diversas fases de la vida de un individuo es fruto de un aprendizaje que impactará a la persona en su totalidad. Por ello es conveniente y necesaria una adecuada educación para la sexualidad.


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